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Marino Gómez-Santos: maestro de biógrafos

El pasado 9 de diciembre de 2020 amanecíamos con la triste noticia de que Marino Gómez-Santos había fallecido. En un devastador año que ha sumado tantas pérdidas humanas, la de un escritor como él ha resultado especialmente amarga para nosotros, amantes de la cultura y del género biográfico. Dada su prolífica obra tan ligada a este campo de las biografías, con más de sesenta libros publicados, su ausencia ha dejado un vacío que se antoja difícilmente sustituible.

Nacido en Oviedo el 28 de octubre de 1930, apenas contaba la veintena de edad cuando puso rumbo a una capital en la que no tardó en codearse con lo más insigne del núcleo intelectual del momento. Supo aunar ese universo a su intensa actividad periodística y, durante años, trabajó y practicó la entrevista biográfico-literaria en una sección del extinto diario Pueblo, intitulada Cuenta su vida, que se hizo muy popular en aquel momento. En ella conversaba con personajes que admiraba -o con los que tenía gran amistad- acerca de su vida pero siempre sin un cuestionario previo. Con esta práctica ensayó la entrevista como género literario a partir de una manera muy personal de observar, preguntar y oír. De este modo fue convirtiéndose en biógrafo de personalidades notables de la historia y la cultura españolas del siglo XX: Leopoldo Alas Clarín, Pio Baroja, Severo Ochoa o Gregorio Marañón son sólo algunos nombres que figuran como parte de su vasta producción biográfica. En su obra Vidas Contadas (2015) se pueden encontrar algunas de esas conversaciones que pudo realizar durante aquellos años.

 

 

Marino Gómez-Santos, a la derecha, junto a Pío Baroja, en 1955. Efe.

 

Como escritor trabajó con rigor en obras que resultan modélicas por la copiosa documentación y su limpia y amena escritura. Precisamente gracias a su ingeniosa pluma, ya en 1955 se hizo un hueco dentro del estrellato literario con la publicación de su libro Crónica del café Gijón, cuyo prólogo escribe entonces César González Ruano, decano del obituario o necrológica en nuestro país, quien le denomina “joven alfil de nuestras letras”, y cuyo epílogo corre además a cargo de Ramón Gómez de la Serna ¡Casi nada! La obra es un memorable retrato de la parroquia del último café literario donde cincela de manera incisiva y mordaz ese retablo formado por poetas, novelistas y autores teatrales. La clave, según López de Ayala, radicaba en su “ironía astur” que le permitía perfilar con trazo rápido cada detalle de una personalidad cualquiera.

Basado en el archivo epistolar de Gregorio Marañón y testimonios de gran interés recogidos directamente por él, Marino, en su libro Españoles sin fronteras (2000), rescató para su lectura los años de exilio de siete intelectuales de lo más granado de nuestra cultura como fueron Marañón, Ortega y Gasset, Azorín, Baroja, Menéndez Pidal, Pérez de Ayala y Sánchez Albornoz, a quienes conoció y con quienes mantuvo una estrecha amistad. Además, una de las relaciones más importantes que no deben olvidarse es la que cultivó con el Premio Nobel Severo Ochoa, de quien escribió ocho libros y con el que forjó unos lazos profesionales y personales que se mantendrían hasta el fallecimiento del galeno. En su testamento designaría a Marino Gómez-Santos su albacea y secretario general de la Fundación Carmen y Severo Ochoa.

 

Marino Gómez-Santo con González Ruano

 

 “Biógrafo de los protagonistas de un siglo en España”, lo definiría más adelante el doctor y académico Javier Sanz, quien le trató personalmente hasta sus últimos días. “No hubo nadie importante en el mundo de la cultura que no entrevistara”, sentencia. En su autobiografía “Memoria cruel” (2002) aparecen retratados con tonos muy vivos muchos de los principales protagonistas de la vida intelectual del pasado siglo. Toda una obra coral de un incalculable valor. A todos ellos les trató de cerca, lo que no impidió que se recrease a menudo también en la anécdota superficial o aparentemente anodina, una proximidad extra de su estilo que el autor nos regalaría.

 

Marino Gómez-Suarez junto a Charles Chaplin en Lausana (1964)

 

Como resultado de su nutrida labor, en 2014 donó a la Universidad Juan Carlos I un inagotable fondo documental con todo su trabajo. La obra de toda su vida. En 2019 la universidad inauguró una página web que facilita la consulta y el acceso permanente a esta valiosa fuente de conocimiento cuyos testimonios dan fe de la época en la que le tocó vivir a través de los labios de sus protagonistas.

Un legado cuyo suculento contenido incluye cientos de escritos, documentos gráficos o grabaciones con voces inolvidables del siglo pasado como la de Alberti, Buero Vallejo, Neruda o Dámaso Alonso. Un material que, gracias a él, permanecerá por siempre para deleite de las futuras generaciones.

 

Marino Gómez Santos junto a Ernest Hemingway.

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