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La memoria de los nuestros ante la pandemia

Queridos amigos:

En Memoralia nos aflige la situación que estamos padeciendo. No es fácil acostumbrarse a escuchar, cada 24 horas, ese parte siniestro que nos habla de la pérdida de unos cientos más de personas cuyos cadáveres, huérfanos, permanecen en gélidas e improvisadas morgues de hielo sin que sus familiares y amigos hayan tenido siquiera la oportunidad de despedirse de ellos.

Es difícil asumir que quizá hayamos perdido el control del sistema sanitario, pero en ningún caso podemos permitirnos perder el control de nuestra propia humanidad. Pues bien, es ahora, en estos tiempos difíciles que tanto nos conmueven, en estos días en que el contacto familiar se ha visto cercenado por decreto y se ha impuesto una desconocida “distancia social”, el momento de demostrarlo.

Porque no podemos quedarnos cruzados de brazos ante lo que está aconteciendo, desde Memoralia queremos comunicar que, a través de distintas acciones, vamos a poner toda nuestra experiencia y todo nuestro esfuerzo al servicio de la sociedad y de las instituciones para que ningún ciudadano se despida deshonrosamente de sus seres queridos por culpa de esta súbita pandemia. Porque la historia de un país no es otra cosa que la suma de las historias individuales de sus ciudadanos. Todos únicos y, por tanto, irrepetibles.

Si imaginamos cada vida como un libro que espera a ser escrito, en las últimas semanas han ardido demasiadas “bibliotecas humanas” con su ingente caudal de recuerdos y vivencias. Un incalculable tesoro que no debería perderse, sino transmitirse a las nuevas generaciones. Cierto es que ahora lo más acuciante es fomentar el afecto entre los familiares y amigos, fortalecer los lazos que nos definen como seres humanos; buscar vías para que prevalezca el cariño, contribuyendo a romper la sensación de aislamiento.

Ya habrá tiempo de recordar a los que no están cuando termine el duelo generalizado. Y entonces será el momento de homenajear a los caídos en los hogares, residencias u hospitales, y de cambiar su condición de víctimas anónimas por la de héroes con nombres y apellidos. De recuperar el hilo perdido de su vida.

Y es que existe una tradición que compara la vida con un telar. Cuenta que, mientras vivimos, con el hilo de nuestras incertidumbres y nuestras certezas, de nuestros éxitos y fracasos, temores, esperanzas, alegrías y decepciones, con el hilo, en definitiva, de nuestros pasos por este mundo, vamos tejiendo el tapiz de nuestra propia existencia. Hasta que -continúa la tradición- traspasado finalmente el umbral de la muerte un ángel nos muestra que, mientras nosotros tejíamos, él también tejía ese mismo tapiz, pero con hilo de oro.

En Memoralia pensamos que esta leyenda podría ser una metáfora de nuestra labor. Porque creemos en el valor intrínseco y la trascendencia de todas y cada una de las vidas. Que nos gusta escuchar con oídos humildes y respetuosos y, como la mano de ángel que cuenta la leyenda, escribir con palabras de oro las memorias de nuestros mayores.

Hace más de una década en Memoralia empezamos con nuestra labor y hoy, tras cientos de biografías elaboradas, más que nunca nos ponemos a total disposición de todos para coordinar un reto de extraordinaria importancia. Nuestro objetivo será alcanzar acuerdos con instituciones, empresas y diversos colectivos para hacer posible que todo ciudadano, herido por la tremenda pérdida de un ser querido, pueda tener garantizado que su memoria será preservada mediante un homenaje biográfico que inmortalice su recuerdo. 

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