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Bibliotecas Humanas: ¿Cuál sería el título de tu libro?

¿Y si además de un servicio de préstamo de libros, encontráramos que en las bibliotecas también se pueden consultar y compartir historias de vidas humanas reales? De entre todos los tipos que existen en el mundo, destaca una variedad muy curiosa y relativamente novedosa llamada “bibliotecas humanas”: un lugar donde consultar personas en lugar de libros.

 

 

 

En 1953 Ray Bradbury se imaginaba una sociedad futurista en la que la lectura ha quedado prohibida por ley. Los bomberos son los encargados de quemar cada libro que se encuentren. Fahrenheit 451, título que lleva la novela, es la temperatura a la que el papel de los libros se inflama y arde, según se explica en el subtítulo. Un grupo de hombres y mujeres, revelándose contra esta prohibición, deciden memorizar las obras convirtiéndose de este modo en libros humanos.

La biblioteca humana es una experiencia que inició en el año 2000, dentro del entorno del Festival de Roskilde en la ciudad danesa de Copenhague, la ONG Stop the Violence. Pero a diferencia del Fahrenheit de Bradbury, las personas que participaron no memorizaron ninguna obra, sino que los libros eran sus propias vidas. El objetivo de su creación pretendía disminuir la discriminación entre los jóvenes celebrando la diferencia y promoviendo el diálogo, la tolerancia y la comprensión hacia personas provenientes de diferentes estilos de vida o culturas en un momento de creciente inmigración en Europa. Durante cuatro días, setenta y cinco libros humanos con vidas muy diferentes ocuparon un espacio dentro del recinto del festival a la espera de que llegasen lectores con ganas de abrir sus páginas y descubrir sus historias. De entre la diversidad se podían encontrar títulos tan sugerentes como: “Historia de un gitano”, “Fui alcohólico”, “Sufrí abusos sexuales”, “Soy refugiada”, “Vivo en la calle”, “Hijo de supervivientes del Holocausto”, “Soy autista”, “Bipolar”, “Me convertí al islam”, “Soy sordociego”, “Vivo con VIH”, “Creo en el poliamor” o “Crecí en un orfanato”.

 

 

 

Cada lector disponía de 30 minutos para hacer todo tipo de preguntas a su libro humano con la única condición de ser respetuosos. Según explican desde la organización en su sitio web, una de las preocupaciones era que el público no comprendiese el ejercicio o incluso que la gente temiera ser juzgada precisamente sobre sus propios prejuicios. Pero el resultado supero todas las expectativas convirtiéndose de hecho en un éxito.

Al ver el potencial que suponía aquel ejercicio social, Ronni Abergel, uno de los promotores de la idea, fundó Human Library Organization y comenzó a viajar por todo el mundo para planificar eventos y presentar la idea a diferentes organizaciones y autoridades públicas. Veinte años después, el proyecto se había expandido por más de setenta países.

  

 

  

“No juzgues un libro por su portada”

 

Hay libros que enamoran con sólo verlos en la estantería. Sin embargo, un mal trabajo editorial puede hacer que un lector en busca de un nuevo libro descarte éste sólo por el mero hecho de tener una portada poco atractiva, da igual cual sea su contenido. La parte positiva que tiene esto es el momento en el que uno descubre, tiempo después de haberlo rechazado, que entre sus páginas se escondía una gran historia. Es entonces cuando se pasea por nuestra mente la manida, pero real frase: “No juzgues un libro por su portada”. Esta cita sirve de eslogan para Human Library y define perfectamente el objetivo de la organización: romper la barrera de los prejuicios y atreverse a conocer más y mejor a las personas con las que compartimos planeta.

En Memoralia, que cada día nos emocionamos descubriendo grandes historias y escribiendo sobre vidas increíbles de personas reales, aplaudimos este tipo de propuestas y animamos a que se siga promoviendo por todos los lugares.

 

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