Alimento hipercalórico para el ánimo, porque permite al protagonista reconsiderar su vida con una flamante conciencia satisfecha, cuando hablamos de regalar uno de nuestros libros biográficos pensamos automáticamente en el ochenta cumpleaños del abuelo, en unas bodas de oro, o en el broche a una trayectoria personal y profesional plena de experiencias y jalonada por triunfos y fracasos, en un relato prolijo con final feliz. Y es que ¿acaso hay una forma mejor de celebrar la vida que fijar para siempre esa “historia” con la sólida argamasa de un libro impreso?

Para los escritores por encargo de Memoralia, personas así son las que generan el grueso de la demanda, y nos obligan al dominio de ese inapreciable talento literario que es la capacidad de síntesis. Aún más gratificante, porque además exige mejor pluma, resulta el reto de convertir en literatura la vida sin brillo aparente de una persona humilde, de un héroe anónimo en la batalla cotidiana cuyos recuerdos se difuminan en el tramo final de una existencia difícil. Su familia ha heredado esos recuerdos, relatos escuchados desde niños, y se propone ahora ordenarlos -con la ayuda del biógrafo- para guardar su memoria y  mostrar cuán valiosa  fue su vida, rescatando para siempre de su olvido antiguas emociones. Por ejemplo, al resucitar la imagen de aquella novia joven y feliz que era su esposa (fallecida hace ya muchos años) el día de su boda, o al desempolvar la placa de plata grabada con su nombre que le regalaron al jubilarse, símbolo indudable de  reconocimiento a algún mérito por él ignorado. Páginas y más páginas que evocan su amor, su alegría, sus esperanzas de entonces… sin escatimar epítetos y coloridas metáforas que iluminan la nostalgia de los más felices momentos vividos.

Claro que no es necesario llegar a octogenario para protagonizar una obra editada por Memoralia. Relato biográfico es toda historia, con principio y fin documentados en el tiempo, que forme parte de tu biografía: La historia de amor que forjó a la pareja que hoy celebra el decimoctavo cumpleaños de su hija, el relato de la fugaz carrera deportiva que ocupó todas las horas de tu primera adolescencia, la historia de la llegada de cada hijo y de los cambios que operaron en sus padres, la biografía del fiel perro o gato, favorito de los niños, y que murió hace unos meses…los recuerdos de infancia compartidos desde la guardería con ese amigo que mañana se casa… todos estos relatos también pueden ser temas para un encargo literario. Infinitas son las posibilidades y muy diversos los destinatarios.

Y si ya os saturan el tono sentimental y la insistente autorreferencial que rezuma este post, quizá proceda condimentar el próximo con un poco de humor; por ejemplo, imaginando encargos biográficos improbables que nos gustaría recibir algún día y que pensamos pedir este año en nuestra carta a los Reyes Magos.

Hasta la semana que viene y feliz Nochebuena a todos los que compartís con nosotros la consciencia de cuán importante es para el ser humano dejar a la posteridad testimonio escrito de su propia historia. Desde Memoralia os deseamos que disfrutéis de la familia y de regalos acertados.

PD: Más información en este artículo Tu vida merece ser contada, de la revista Yorokobu.

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