El mercado actual demanda de las empresas algo más que productos y servicios. En un entorno muy competitivo, con una oferta enormemente variada, las organizaciones deben saber diferenciarse y hacerse reconocibles, establecer una relación con los consumidores que vaya más allá de la decisión de compra y se convierta en un verdadero cauce de comunicación. Generalmente, las empresas establecen esa relación a través de la marca: el “rostro” visible que presentan ante los consumidores y la sociedad. Y para construir la marca disponen de numerosas estrategias. No obstante, sólo recientemente una de ellas está cobrando todo su valor.

Una compañía es ante todo un colectivo de personas orientadas a un fin, con una historia y una filosofía propias. Como en todo grupo humano, el entramado de la historia, sus protagonistas y sus valores se articula en forma de una memoria colectiva que representa, por así decirlo, el “alma de la organización”. Lejos de ser una parte accesoria o un mero poso que permanece o bien se disuelve con el paso del tiempo, la memoria de una organización es un capital. Es el agregado de las experiencias y valores de las personas que la componen, y algo más: porque toda empresa que sobrevive y crece es algo más que la suma de sus partes individuales.

En la sociedad actual, frente a la atomización e individualización de la vida, que nos priva de los vínculos tradicionales (la familia, las creencias, las certidumbres y las costumbres), la memoria se alza y se reivindica cada vez más como un cauce que comunica el pasado y el presente de personas y organizaciones. En cada vez más ámbitos se produce esta revalorización del camino transitado, que celebra lo propio no como manera de refugiarse del futuro sino como fuente de valores y sentido. El mundo de la empresa no es ajeno a ello.

Para una firma que desea mantener una marca reconocible y potente, a menudo es más sencillo y útil volver la vista sobre su propia trayectoria, sus valores y su equipo humano, y recuperar su memoria colectiva, antes que tratar de elaborar una imagen artificiosa que no se corresponde con su naturaleza más esencial. Las nuevas tecnologías permiten a las organizaciones poner en valor su memoria bien en formatos y canales novedosos, como los medios sociales, bien en otros más tradicionales que progresivamente se van haciendo menos costosos. Ya sea de una manera u otra, lo crucial es hallar un relato y un rostro propios que les permitan presentarse ante la sociedad de manera efectiva y veraz.

En línea con estas demandas del mercado y de la propia sociedad, Memoralia lleva ya cinco años entregada a la tarea de recuperar y gestionar la memoria de ciudadanos particulares y colectivos de toda índole. Si tienes una historia personal o colectiva, tienes un capital; y el mejor momento para acercarte a nosotros y revalorizarlo es hoy.

Por Jorge San Miguel

* Este artículo se publicó originalmente en la página del Centro de Iniciativas Turísticas de Marbella

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