El tercer capítulo de la serie que Memoralia dedica a la “historia de la memoria” abandona la Antigüedad para aterrizar directamente en la segunda mitad del siglo XIX, cuando el mundo científico presenta en sociedad un nuevo campo de estudio: la neurociencia. Se trata de un conjunto de disciplinas que estudian el cerebro en todas sus facetas, desde la molecular, el nivel celular (neuronas) y sus ensambles… etc., hasta lo puramente cognitivo, su funcionamiento y las conductas que se derivan de ello.

En paralelo surge también la  psicología científica, que se propone documentar, definir y tratar los procesos psíquicos. Esto último encendió la polémica, pues obligaba a adoptar métodos terapéuticos alejados del método científico por necesariamente subjetivos. La Ciencia con mayúsculas le negaba el estatus porque sus tesis no se podían comprobar mediante prueba empírica en laboratorio, y los resultados distaban mucho de ser unánimes.

Eso, claro, hasta que llegó Sigmund Freud para abrir un inmenso nuevo campo plagado de descubrimientos conceptuales: el consciente y el inconsciente, los instintos –Eros y Tánatos-, la represión y la hipocresía, el retorno de lo reprimido…  Unas tesis que, en resumen, venían a decir que todos los comportamientos anómalos o “perversos”, así como las manías, fobias y demencias varias, eran el resultado de la represión sexual y que, básicamente, lo saludable era rechazar esa forma de censura/autocensura. Para descubrir y liberar de  tales cargas reprimidas, inauguró el Psicoanálisis, método terapéutico que constaba de varios procedimientos, entre ellos la libre asociación de ideas, cosa bien parecida a la antigua técnica –ars memoriae– de los maestros griegos; el estudio de los actos fallidos (actos que escapan al control del paciente, como olvidos puntuales, equivocaciones o pérdidas); y la interpretación de los sueños.

Original Caption: Sigmund Freud, 1856-1939, Austrian psychiatrist, in the office of his Vienna home looking at a manuscript. B/w photo ca.1930.

Sigmund Freud.

El rotundo y perdurable éxito que obtuvieron tanto sus conceptos como sus métodos terapéuticos,  que, -aunque algunos hayan sido y sean cuestionados o rebatidos- hoy todos manejamos y asumimos como instrumentos básicos para mejorar la vida,  alcanza, cómo no, de lleno a la literatura, y se refleja en los argumentos y temas de muchas obras literarias de primer nivel. Veamos algunas de ellas a continuación.

Clarín: La Regenta; Flaubert, Madame Bovary. Ambas grandes novelas son anteriores a Freud, pero sus personajes parecen pacientes suyas: represión sexual, histeria como escape, obsesión, delirios paranoides, etc…. En ambientes saturados de mediocre hipocresía.

Robert Louis Stevenson: El extraño caso del doctor Jekyll  y Mr. Hyde. Esta aterradora y breve novela sí es contemporánea del maestro, y su argumento, sin duda deudor del psicoanálisis. Doble personalidad, el inconsciente contra el consciente, el retorno de lo reprimido, la lucha del bien contra el mal….Hyde sería el triunfo de la libido, del ello, sobre la conciencia moral representada por Jekyll.

Aldous Huxley: Los demonios de Loudun: El gran autor de Un mundo feliz relata un episodio de posesión diabólica colectiva sucedido entre las religiosas de un convento, y ejemplifica perfectamente las tesis de Freud: autosugestión, instintos-libido, Eros y Tanatos, histeria colectiva, retorno de lo reprimido…

Oscar Wilde: El retrato de Dorian Gray. La propia vida del escritor  parece una advertencia del doctor Freud contra la represión y la censura, ya que su homosexualidad le llevó a sufrir cárcel, destierro y una muerte prematura y solitaria. Su única novela es un relato escalofriante,  aunque se suela destacar su carácter “esteticista” –en realidad, poco más que una pose provocadora-. Reflexiona sobre temas tan freudianos como el mal en forma de personalidad oculta, la distancia entre apariencia y realidad,  la hipocresía como ejercicio social imprescindible…

Fíodor Dostoyevski, Crimen y castigo. El gran escritor ruso, profundo conocedor del alma humana, fue estudiado –a posteriori- por el mismísimo Sigmund Freud, que analizó su famoso sentimiento de culpa por haber deseado la muerte de su padre y concluyó que había sido la causa de su grave epilepsia. Esta potente novela avanza ya la teoría del superhombre que más adelante desarrollaría Nieztsche, y parte de un asesinato sin sentido para reflexionar sobre el instinto y la conciencia,  la inocencia y la culpa, el arrepentimiento, la expiación y finalmente, el perdón, a través de Rasskolnikov y Sonia.

Edgar Allan Poe: El demonio de la perversidad.  Este relato breve, uno de tantos cuentos terroríficos del escritor americano, es singular porque describe lo que denomina con el título, que es la tendencia, patológica e irreprimible, que tiene el criminal no descubierto a ponerse en riesgo deliberadamente, a regresar al lugar del crimen, a exponerse a la detención, en suma. La misma que nos lleva a sonreír sin querer ante una mala noticia, a reír en un entierro, a enseñar adrede el contenido del neceser en la aduana… Una patología psicológica muy freudiana, pero raras veces explicada.

Ken Kesey, Alguien voló sobre el nido del cuco. El príncipe de la contracultura de los sesenta promocionando al káiser de la antipsiquiatría, el médico Thomas Szasz, opuesto a la compasiva interpretación freudiana y que consideraba la mayoría de trastornos mentales como intentos de llamar la atención, fingimientos y subterfugios más o menos involuntarios, para esquivar la propia responsabilidad. Una novela que cuestiona la locura y sus indignos –entonces- tratamientos y un hermoso canto a la rebeldía y  la libertad contra las normas represivas de la autoridad.  Hippie, pero de los buenos.

En la próxima entrega, el equipo de Memoralia seguirá urdiendo redes para captar nuevos militantes de la lectura.

 

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